Por Rodrigo Campos

Argentina enfrenta una prueba de deuda en moneda extranjera en 2027, año en el que se espera que el presidente Javier Milei se presente a la reelección, aunque los inversionistas confían cada vez más en que encontrará una salida a medida que mejoran la disciplina fiscal y la estabilidad económica.

El país sudamericano debe afrontar pagos en moneda extranjera por más de 23.000 millones de dólares en 2027, o más de 32.000 millones de dólares incluyendo los intereses, según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Se trata de uno de los mayores pagos de deuda en un solo año a los que se ha enfrentado desde 2022-23, aunque en aquel caso el FMI desembolsó miles de millones que Argentina utilizó para devolver el dinero al organismo.

El FMI, que en mayo dio el visto bueno a Argentina pese a que la acumulación de reservas internacionales netas se mantuvo por debajo de los objetivos del programa, afirmó la semana pasada que confiaba en que se le pagará.

Aun así, su último reporte técnico advirtió de "riesgos excepcionales", señalando que, si bien la deuda de Argentina es sostenible, no hay una alta probabilidad de que siga siéndolo.

El desafío se presenta antes de que se materialicen plenamente las esperadas ganancias provenientes de exportaciones de los florecientes sectores energético y minero, lo que convierte a 2027 en una prueba para determinar si las reformas de Milei pueden generar suficientes dólares para evitar nuevas tensiones en los mercados.

Las elecciones de 2027 suponen un riesgo para los inversionistas, ya que el plan de financiación de Argentina se sustenta tanto en la confianza como en el efectivo.

El ajuste fiscal y la reducción de la burocracia impulsados por Milei han tranquilizado a los mercados y a los empresarios, pero cualquier indicio de un mandato más débil o de un cambio de rumbo político podría reavivar la habitual carrera hacia el dólar que suele producirse en un año electoral, lo que ejercería presión sobre el peso y pondría a prueba la confianza de los tenedores de bonos.

La tensión en los mercados, que el año pasado contribuyó a desencadenar un paquete de ayuda de emergencia de Estados Unidos, se ha atenuado considerablemente en los últimos meses.

La prima de riesgo país de Argentina -el rendimiento adicional que exigen los inversionistas por mantener su deuda frente a los bonos del Tesoro de Estados Unidos- se ha reducido hasta los 420 puntos básicos, su nivel más bajo en ocho años.

Esta mejora refleja la política fiscal austera de Milei, la reanudación de las compras de dólares por parte del banco central y el éxito del Gobierno a la hora de conseguir financiación a corto plazo y a bajo costo, lo que ha reducido la necesidad de recurrir a los mercados internacionales de bonos.

Este contexto ayuda a explicar por qué los inversionistas se sienten ahora más tranquilos ante una montaña de deuda que, hasta hace poco, parecía mucho más abrumadora.

La economía ha vuelto a crecer y Argentina está recuperando el acceso a la financiación en divisas fuertes. Sin embargo, sigue careciendo de reservas de seguridad que hagan que el reto del pago de la deuda en un año de elecciones presidenciales parezca algo de rutina.

"No hay que endulzarlo: los vencimientos de la deuda argentina en 2027 son considerables y coinciden con unas elecciones generales decisivas", afirmó Alejo Czerwonko, director de inversiones para Mercados Emergentes de América en UBS Global Wealth Management.

Aún así, Argentina cuenta con "uno de los equipos financieros más ingeniosos y creativos del mundo", añadió, y ha trabajado para adelantarse al reto mediante bonos en dólares emitidos al amparo de la legislación nacional, préstamos de instituciones financieras internacionales y otras fuentes de financiación.

Estados Unidos ya ha prestado un apoyo extraordinario a Argentina bajo el mandato de Milei, un aliado de la administración del presidente estadounidense Donald Trump, y no se puede descartar que se concedan más préstamos oficiales por parte de Estados Unidos, señaló Czerwonko.

SALIENDO DEL PASO

La mejora de la confianza es notable porque la deuda argentina sigue estando calificada en territorio de "basura", incluso tras las recientes mejoras en la calificación crediticia soberana por parte de S&P Global y Fitch.

Moody's, que mejoró la calificación de Argentina hace un año y le otorgó una perspectiva estable, se ha mostrado más optimista sobre la capacidad del país para hacer frente a los pagos de 2027.

"Vemos que los flujos de financiación se están volviendo mucho más cómodos para el Estado, y que existe una probabilidad cada vez mayor de que éste pueda cumplir todos sus compromisos (de 2027), incluso sin acceso al mercado", dijo Jaime Reusche, responsable senior de crédito para riesgo soberano en Moody's Ratings.

Argentina podría "salir del paso" recurriendo en cierta medida a las reservas, señaló, con la ayuda de fuentes de financiación alternativas y el impulso que se espera que las exportaciones den a la balanza de pagos.

"Claramente no vamos a sufrir escasez de dólares el año próximo, porque tenemos un importante superávit comercial y están todos los vencimientos de deuda prefinanciados", dijo un portavoz del Ministerio de Economía.

El equipo técnico del FMI señaló en un reporte de mayo que los proyectos aprobados en el marco del programa de incentivos a las grandes inversiones (RIGI) superaban los 25.000 millones de dólares.

Este programa, que ofrece beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios para proyectos a largo plazo -principalmente en los sectores de la energía, la minería, la infraestructura y la agroindustria-, probablemente impulsará la entrada de dólares con el tiempo.

Sin embargo, gran parte de esos beneficios aún están por llegar. Los grandes proyectos aún deben pasar de la fase de inversión a la de producción, lo que convierte a 2027 en un año de transición entre los primeros esfuerzos de estabilización de Milei y un futuro aumento del ingreso de dólares.

Mientras tanto, Argentina ha reabierto un canal de financiación que estaba prácticamente cerrado antes de que Milei asumiera el cargo: la emisión de dólares en el mercado al contado conforme a la legislación local.

Los datos del Ministerio de Economía muestran que no hubo emisiones de este tipo en el mercado al contado entre 2021 y 2024, antes de reanudarse con alrededor de 1.000 millones de dólares en 2025 y más de 3.000 millones de dólares hasta mayo de este año.

Las autoridades y los inversionistas afirman que los bonos en dólares sujetos a la legislación local, las operaciones de repo y la financiación respaldada por organismos multilaterales son algo más que soluciones provisionales.

El Gobierno ha recurrido cada vez más a esos instrumentos para satisfacer sus necesidades de divisas fuertes, evitando al mismo tiempo las costosas emisiones de bonos internacionales.

Moody’s no considera que el regreso a los mercados de capitales globales sea esencial para la sostenibilidad de la deuda de Argentina, señaló Reusche, dado el crecimiento de las exportaciones previsto para finales de 2027 y 2028.

"El problema es que ese punto de inflexión coincide justo con las elecciones, y ahí es donde los riesgos políticos entran en escena", señaló Reusche.